—¡Eh, tú!
—¿Yo? —preguntaba
Andrés extrañado.
—¿Tú crees
que esto es normal? —Marc señalaba con las manos su cuerpo.
—No, claro
que no.
—¡Lo ves!
Hasta tus personajes se quejan —soltó el jefe.
—¿Cómo me
vas a dibujar más gordo que el ancho de una puerta? ¿No ves que no es posible?
—En los
dibujos todo es posible —respondió Andrés.
—¡Claro!
Esa respuesta vale para todo. ¡Pero mira que feo me has dibujado! —Marc se
miraba a un espejo palpándose la cara.
—No te
cuesta nada cambiarlo —dijo el jefe.
—¡Me estáis
volviendo loco! Serás como yo diga —le gritó al papel.
—Así no
vamos a vender nada —le respondió Federico.
—Vamos a
ver ¿Entonces qué hago?
—Dibújame
mejor. Más alto, guapo, menos gordo.... —Paró un momento a pensar—. ¿Cómo voy a
ser el protagonista? ¿Cómo ligaré? —soltó el dibujo.
—Tiene
razón —asintió Fede.
Andrés se levantó. Dio unos pasos para acercarse a la
ventana. Le gustaba ver como el sol mañanero iluminaba las calles.
—Es la
primera vez que me pasa —susurró.
—Si tu
personaje no está a gusto tendrás que cambiarlo. Si no ¿Cómo vas a trabajar con
él a buenas?
—Si no me
cambias me niego a salir en las viñetas —aseguró Marc.
—Si hago
otro personaje lo haré menos cabezón —se volvió a sentar.
—Haz lo que
veas, pero arregla éste.
—Haz caso a
tu jefe.
El dibujante resopló. Agarró el lápiz.
—A ver.
Entonces aconséjame ¿Qué te cambio?
—¡Ya te lo
he dicho! Menos gordo, más guapo y más alto.
—Quizás
debería hacerte mudo.
—Entonces
saldré en cada viñeta haciéndote la peineta.
El jefe y Andrés rieron.
—Está bien.
Era una broma.
El dibujante borró con la goma ciertas partes. Hizo varios
cambios. Fede se levantó. Sugirió algunos, pero a Marc no le gustaron. Veinte
minutos más tarde ya conseguían algo.
—¿Te ves
mejor?
—Sí, no
está mal —se miraba el dibujo en un espejo de cuerpo entero.
—Diría que
es hasta demasiado guapo —dijo el jefe.
—No, ya
estoy bien, pero ¿y si me cambias el peinado?
—Pero
bueno, si eso es lo más característico de ti.
—No me
gusta.
—Eso no
deberíamos cambiarlo —el jefe le daba por una vez la razón a Andrés.
—Te hemos
cambiado ya mucho. Era casi un personaje nuevo.
—¡Por eso!
Cámbiame ya todo.
—No, yo te
veo bien.
—Y yo.
—Bueno,
está bien. Me quedaré así, pero ponme pistola.
—¿Qué? No
eso no. No deberías llevar.
—Aunque
luego no la usé.
—Umm...
¿adornando una estantería?
—Bueno,
siempre que pueda cogerla y hacerme el guay con ella.
—¡Está
bien! Te pondremos una.
Así era como pactaron el dibujo con sus padres para trabajar
con ellos durante mucho tiempo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario