¡Qué mala suerte! Últimamente la magaba bastante. Otra vez me tocó contar. Cara a la pared, apoyando mi frente sobre mi brazo, llegué hasta cien. ¡A cazar! Me di la vuelta, giré la cara y busqué por la plaza. Siempre empezaba buscando por debajo de los bancos, pero eso ellos ya lo sabían. Entonces se me ocurrió que no quería volver a magarla. Decidí buscar un buen escondite para luego mientras seguía de caza y mis presas estaban quietecitas, sin moverse.
Me aventuré a entrar en el
mercado de casetas verdes. El gentío molestaba. Debía recorrer rápido los
pasillos antes de que se salvaran los demás. Entonces lo encontré: un hueco
increíble. Estaba allí de siempre, pero nadie lo utilizó de escondite. Ya tenía
sitio para luego. Me acerqué a inspeccionarlo. Metí la cabeza y, ¡Jolines!,
¡estaba allí Jessica! Corrí al poste; ella me seguía. me choqué con un par de
bolsas y señoras mayores. Me estaba alcanzando. Salí del mercado y, faltándome
el aliento, toqué el poste. "Un, dos tres, Jessica" grité. Ella llegó
poco después, se paró a un par de metros y se paró apoyándose en sus rodillas;
recuperando aliento. Ya tenía a una, pero me jorobó el escondite.
Busqué a lo lejos; en los limites de la plaza cuadrada. Me acerqué al quiosco, donde solía haber uno o dos escondidos. El truco consistía en correr por el lado contrario por el que llegaba el cazador. Yo ya me lo sabía. Me acerqué. Una sombra en forma de cabeza se asomó. Me vio. Así que me fui al otro lado. Me encontré de cara a José y Kiko. Iniciamos un sprint para la salvación. Kiko era más alto y rápido que yo. El tío se salvó, pero pude pillar a José. Aún faltaban Ana y Luis.
A Ana siempre la pillaba de las primeras, pero no sé donde podría estar. Luís era de los que mejor se escondía. Me jorobaba bastante porque salía al final de todo y los salvaba a todos. Le encantaba ser el salvador. Me alejé del poste para mirar tras la parada del bus. Volví pronto al poste. Cuando quedaban pocos no quería alejarme mucho. Me fui a donde los contenedores de colores. Medio agachado buscaba algún pie de niño. Volví corriendo al poste porque tuve un raro presentimiento. Los que estaban fuera del juego me miraron extrañados. Jessica le dijo algo a Kiko. Posiblemente donde se escondían los que faltaban. Kiko se rio. A mí no me hizo gracia. Volví a dar una vuelta rápida; a ver donde podrían estar.
Pasaron como cinco minutos y estaba inquieto. Los ya pescados empezaban a aburrirse. Miraban al cielo, soltaban tonterías y canciones absurdas; cosa del aburrimiento. Entonces se me ocurrió. Debía irme lejos; era la única manera que saliesen. hice como que me iba tras el mercado; muy lejos del poste. Me escondí tras una pared; donde podía vigilar si alguien corría al poste. Asomó una cabeza. esperé un poco. Asomó algo más y lo reconocí. Corrí al poste. Pillé a Luís; algo que me reconfortaba. Él llegó algo triste al no poder salvar a los demás como solía hacer. Por fin me vengué de tantas veces que hizo repetir poste.
Marché de nuevo a cazar. Aún
faltaba Ana. Escuché de lejos que los demás hablaban entre ellos y no sabían dónde
se había escondido. La verdad es que no sabia donde podía buscar. Había
recorrido toda la plaza. Le di una vuelta rápida al kiosco, al mercado, a la
parada del bus... Ni idea de donde podría estar. Me acerqué a los contenedores.
Escuché unos golpes. Les di una vuelta. Los golpes venían del interior. La
puerta se abrió muy poco. Algo asomaba. Me estaba asustando. Apoyé mi mano en
la puerta y la empujé suavemente. Por un momento pensé en ratas o monstruos;
pero allí estaba Ana. Nada más abrir inspiró con fuerza. ¿A quién se le ocurre
meterse ahí con lo mal que olía? Corrí al poste y la di por pillada. Ella
intentaba salir de allí pero no podía. Nos pidió ayuda a gritos. Fuimos y la
ayudamos a salir. Jessica se enfadó mucho con su hermana y le advirtió de la
regañina que le daría su madre. Ana le pidió que no se lo contara. Comenzaron a
pelearse. Yo le pedí a Jessica que la magara, pero no estaba por el juego. Se
llevó a su hermana a casa. Entonces le dije a José que le tocaba. Él contaba
que ya era tarde y Kiko pensaba lo mismo. Se fueron para casa. Solo me quedaba
Luís. Le pedí que no se fuera, podría esconderme en el hueco que vi antes en el
mercado, que ya era hora que me tocase esconderme; pero él hizo un pensamiento
y me abandonó. Se fue para casa. Me quedé solo. Al día siguiente les pediría
que jugásemos de nuevo, pero yo no la volvería a magar, que siempre me tocaba.
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